Una nueva tendencia en los viajes a nivel mundial empieza a impactar la forma de hacer turismo, obligando a los destinos a adaptarse y ser cada día más innovadores.

El turismo de nómadas digitales es una de las tendencias más significativas que ha experimentado el sector en la última década. Se trata de viajeros profesionales que trabajan de manera remota: empleados, emprendedores, consultores, desarrolladores, creativos, escritores, que acostumbran a viajar y deciden residir temporalmente en distintos países.

A diferencia del turista tradicional, que permanece entre 3 y 12 noches, el nómada digital apuesta por el “slow travel”, destacándose por estancias de uno a seis meses, consumiendo servicios locales, aprovechando la integración cultural y una vida cotidiana productiva en el destino. No buscan únicamente descanso, sino más bien calidad de vida, conectividad, comunidad y experiencias auténticas.

En un contexto donde el trabajo remoto dejó de ser excepción para convertirse en norma en muchos sectores, este segmento ha pasado de ser una tendencia emergente a un mercado estructural.

Según un estudio reciente, realizado por la firma inglesa Public First, se estima que existen más de 35 millones de nómadas digitales activos en el mundo, y si se incluyen trabajadores remotos con movilidad temporal, las cifras superan los 100 millones de personas.

En términos económicos, el gasto promedio mensual oscila entre US$1500 y US$3500 mensuales, dependiendo del destino. Su permanencia media es de dos a cuatro meses, generando un gran impacto en restaurantes, supermercados, renta de espacios coworkings, transportación, actividades culturales y deportivas y renta de mediana estancia.

A diferencia del turismo tradicional, que suele concentrar el gasto en hoteles y excursiones, el nómada digital distribuye su consumo en la economía local, contribuyendo a la desestacionalización y dinamización de zonas urbanas y costeras durante todo el año.

El nómada digital promedio tiene entre 25 y 45 años. Suele trabajar en tecnología, marketing digital, diseño, finanzas, consultorías o industrias creativas. Valora la buena conectividad de alta velocidad (Internet) que tenga el país, así como la seguridad que ofrezca el destino.

Suele buscar la renta de espacios de coworking, aunque su trabajo en general lo realiza desde el lugar donde esté alojado. Le gusta practicar actividades al aire libre, valora la calidad ambiental,  la oferta cultural del destino y las iniciativas que promuevan la sostenibilidad. No busca resorts “todo incluido”, sino apartamentos bien equipados, preferiblemente en comunidades creativas y barrios con vida local.

Muchos países han desarrollado ya visas especiales para nómadas digitales y han creado marcos regulatorios específicos.

España, que suele servir de marco de referencia para nuestras iniciativas en el sector turístico, ofrece una visa de teletrabajo internacional dentro de la ley de startups que permite residencia inicial por un año, renovable.

En el Caribe, Barbados se destaca por su programa innovador Welcome Stamp, pionero en la región, que permite estancia de hasta 12 meses.

Costa Rica ofrece una visa especial para trabajadores remotos que incluye beneficios fiscales temporales. Otro destino, como Portugal, ofrece la visa D8 para la que exige ingresos mínimos mensuales y contrato o prueba de actividad profesional remota.

Otros destinos como Brasil, Ecuador y El Salvador ofrecen también las visas para nómadas digitales y en cada caso exigen requisitos  particulares e individuales.

Entre los requisitos comunes para una visa de nómada digital, aunque varían por país, suelen incluir:

  1. 1. Demostración de ingresos mensuales estables (entre US$1,500 y US$3,000).
  2. Contrato laboral remoto o prueba de actividad profesional independiente.
  3. Seguro médico internacional.
  4. No tener antecedentes penales.
  5. Permanencia mínima definida (6–12 meses).
  6. No competir en el mercado laboral local.

Algunos países otorgan exenciones fiscales parciales, lo cual los hace aún más atractivos.

Nuestro país aún no se ha subido a esta ola, que podría ser el segmento de mercado de mayor apoyo a destinos emergentes y algunos en declive. Sobre todo servirían de gran ayuda para el turismo inmobiliario.

República Dominicana posee ventajas competitivas naturales y estructurales:

  • Conectividad aérea que lo posiciona en destino líder en el Caribe.
  • Clima tropical todo el año.
  • Buen posicionamiento en mercados norteamericanos y europeos.
  • Un ecosistema inmobiliario en expansión.

Sin embargo, carecemos de un marco migratorio específico para este segmento.

El país podría crear una visa especial para nómadas digitales, con las siguientes características:

  • Duración inicial de 12 meses renovable.
  • Ingresos mínimos comprobables.
  • Seguro médico obligatorio.
  • Registro digital simplificado.
  • Incentivos para alquileres de mediana estancia y facilidades para la posible adquisición de la vivienda.
  • Coordinación entre Migración, Turismo y sector inmobiliario.

Son varios los destinos que entendemos pudiesen aprovechar estas oportunidades.

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